Seguro que has escuchado esta frase antes. Forma parte de la sabiduría popular. Pero, ¿hasta qué punto es cierta? De ser así. ¿Se puede aplicar a todos los vinos? ¿Cuándo beber ese vino?
Desde luego no es buena idea beberse una copa de vino en ayunas. Como no lo es tomarse una cerveza o una copa de licor, aunque la mezclemos en el café. El vino tiene su momento, y este no es cuando te levantas de la cama.
El vino forma parte de la cultura mediterránea. La antigua Roma se extendió con el vino, el aceite de oliva y el trigo como insignia. Tres productos agrícolas que no solo dinamizaron la economía, sino sobre los que levantaron todo un conjunto de hábitos con los que se articulaba la sociedad. Comer con pan y vino ya era tradición en el imperio romano.
En nuestra cultura, el vino es más que una bebida, se considera un alimento. Antiguamente, los hombres que trabajaban en el campo, almorzaban una orilla de pan redondo, con la miga mojada en vino tinto, rociada con azúcar. Era un alimento barato que les proporcionaba la energía que necesitaban para acometer las duras labores agrarias.
A los niños se les daba un vaso de vino con gaseosa en las comidas. Se decía que abría el apetito. El vaso solo llevaba con un dedo de vino tinto, y el resto era gaseosa. Hace tiempo que ya no se sigue esta costumbre. Pensamos que es introducir a los niños en el consumo de bebidas alcohólicas. Pero así es como criaron a nuestros abuelos.
A pesar del paso del tiempo, no son pocos los médicos y nutricionistas que defienden los beneficios del vino sobre la salud. Siempre tomado con moderación. Como decía Aristóteles, la virtud está en el punto medio.
El vino forma parte de la dieta mediterránea.
La página web Quirón Salud afirma que el vino forma parte de la dieta mediterránea. Una de las dietas más valoradas en el mundo por sus beneficios para la salud. Ejemplo palpable de lo que es una alimentación sana y equilibrada. Con una proporción correcta de proteínas, vitaminas, grasas e hidratos de carbono.
En este sentido, que las mujeres tomen cada día una copa de vino tinto en las comidas, y los hombres un máximo de dos, es beneficioso para la salud cardiovascular y para el buen funcionamiento del cerebro. En especial, en personas mayores de 50 años.
Un estudio publicado en el 2013 señaló que las personas que seguían una dieta mediterránea, con un consumo moderado de alcohol, presentaban menos riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebro-vasculares y alzhéimer.
Este estudio resalta el asunto de la salud. A partir de los 40 años solemos tener niveles de colesterol más altos, y otros factores que influyen en la buena circulación sanguínea y que se corrigen con un consumo moderado y habitual de vino.
Por tanto, esa idea de que la opción más sana es no consumir nada de alcohol, es aplicable para los menores de 35 años. A partir de los 40 años, esa copa o dos copas de vino diarias mejoran nuestra salud a medio y largo plazo.
Es importante entender que el vino no es beneficioso por sí mismo. Debe estar integrado en un estilo de vida saludable. Esto incluye consumir una alimentación variada y equilibrada y practicar diariamente actividad deportiva de bajo impacto. Caminar una hora al día o correr al trote durante media hora.
El vino dentro de un estilo de vida sedentario, aunque bebamos poca cantidad, puede ser contraproducente.
Los principales beneficios para la salud del vino.
Profundicemos en el asunto. Estos son los principales beneficios del vino para la salud:
- El vino aporta antioxidantes naturales. Especialmente, el vino tinto, contiene compuestos antioxidantes como los polifenoles y el resveratrol que ayudan a combatir el estrés oxidativo del organismo, que está relacionado con el envejecimiento celular y con diversas enfermedades crónicas.
- Mejora la salud cardiovascular. Como ya hemos indicado, consumido con moderación, el vino puede favorecer la salud del corazón. Algunos estudios señalan que ayuda a aumentar el colesterol HDL (conocido como “colesterol bueno”) y a mejorar la circulación sanguínea, lo que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
- Favorece la circulación sanguínea. Los compuestos que tiene el vino ayudan a mantener la elasticidad de las venas y arterias y contribuye a prevenir la formación de coágulos sanguíneos.
- Efectos antiinflamatorios. Los polifenoles del vino poseen propiedades antiinflamatorias que pueden ayudar a reducir inflamaciones que se dan dentro el cuerpo. En especial, las enfermedades relacionadas con la inflamación crónica.
- Mejora el proceso digestivo. El consumo moderado de vino puede estimular la producción de jugos gástricos y favorecer la digestión, especialmente cuando se toma durante las comidas. Algunos estudios apuntan a que influye positivamente en la regeneración de la microbiota intestinal.
- Favorece la relajación corporal. Tomado con moderación y en contextos tranquilos, el vino contribuye a la relajación y al disfrute de las comidas. Para el cuerpo, no solo es importante lo que comemos, sino también cómo lo comemos. Una comida tranquila y sin prisas es más provechosa.
- Aporta minerales esenciales. El vino contiene minerales como potasio, hierro y magnesio, además de otros compuestos bioactivos procedentes de la uva que tiene efectos positivos para el organismo.
Otros beneficios menos conocidos.
Aparte de los que acabamos de señalar, la página web sobre vinos Club Cuvee recoge una serie de beneficios para la salud, menos conocidos, que he considerado oportuno comentar y añadirlos a la lista. Son los siguientes:
- Combate el cansancio. Las uvas tienen un componente que se llama resveratrol que aporta un plus de energía cuando el cuerpo o la mente se sienten agotados. Una reserva extra que proviene de la concentración de azúcar de la uva.
- Previene las demencias. Precisamente por la acción que el vino produce sobre el sistema circulatorio, facilitando la circulación fluida de la sangre y su llegada al cerebro, contribuye a la prevención de enfermedades degenerativas como el alzhéimer y la demencia senil.
- Ayuda a bajar de peso. Un estudio efectuado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts concluye que los componentes del vino activan un gen en el ser humano que obstruye la formación de nuevas células de grasa, al tiempo que colabora en la eliminación de la grasa almacenada. Por supuesto, para que este efecto se manifieste, el sujeto debe seguir una dieta baja en grasas y practicar un estilo de vida activo.
- Combate las infecciones en el aparato urinario. Un consumo moderado de vino facilita el trabajo depurativo de los riñones y refuerza la protección de la vejiga y los uréteres frente a la agresión de las bacterias. Esto es así debido a la acción de los antioxidantes sobre este aparato del cuerpo humano.
- Aumenta la liberación de endorfinas. Las endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, son las responsables de los estados de júbilo y alegría que experimentamos cuando nos sentimos dichosos. El consumo de vino estimula su liberación.
Los vinos más saludables.
Desde un punto de vista de cuidado de la salud, el vino tinto es más beneficioso para el organismo que el vino blanco. Esto se debe a que aportan una mayor cantidad de antioxidantes. El vino tinto se deja fermentar en su jugo con la piel y las semillas de la uva, a diferencia del vino blanco, en la que se aparta. Estos residuos que se forman en el pisado de la uva, transfieren al vino una gran cantidad de vitaminas y nutrientes que contiene la pulpa y la piel de la uva de forma natural.
La forma en la que se cultiva la vid, también transfiere sus cualidades al vino resultante. Por eso podemos encontrar vinos elaborados con el mismo tipo de uva, tempranillo, por ejemplo, y que presentan distinto aroma y sabor. Por esta razón, los vinos tintos ecológicos, en los que apenas se han utilizado fertilizantes químicos en el cultivo, ni se han empleado aditivos y sulfitos en la elaboración, son considerados algunos de los vinos más saludables que existen.
El tipo de uva también influye en los beneficios para la salud. En este sentido, las variedades de uva tinta procedentes de climas continentales, donde hay una mayor humedad en el terreno y menores variaciones de temperatura, son más saludables que las uvas de secano.
Uvas francesas como Pinot, Cabernet Saouvinong o Syrah producen vinos con una mayor concentración de antioxidantes, resveratrol y polifenoles que tienen un efecto positivo sobre la salud.
A pesar de que son variedades foráneas, los distribuidores de Plantvid, un vivero de vides de la provincia de Valencia, considerado un referente dentro del sector vinícola, nos comentan que estas cepas son ampliamente adquiridas por los viticultores españoles. Los cuales elaboran sus vinos mezclándolas con las uvas de variedades locales. Esto quiere decir que muchos vinos tintos españoles se benefician de los aportes nutricionales que proporcionan estas variedades de uva extranjera.
Siempre con la comida.
Para que el vino sea beneficioso para la salud es preferible que lo bebamos con la comida. La comida neutraliza, en cierto modo, los efectos negativos que pudiera provocarnos la ingesta de alcohol. Por otro lado, el vino tiene propiedades digestivas, lo que nos ayudará a digerir mejor los alimentos. El mejor momento para tomar una copa de vino es una comida o en una cena.
La costumbre que existe en nuestro país de tomar una copa de vino en el aperitivo o con tapas también es beneficiosa. Aparte de la experiencia gustativa que nos ofrece, el vino acompañado de una pequeña porción de alimento, tiene la propiedad de saciar el apetito. Sin consumir demasiado, calmamos el hambre y aportamos al cuerpo la energía necesaria para aguantar hasta la próxima comida.
Consumir el vino con queso o con otros alimentos, potencia sus propiedades originales. Un estudio realizado por la Universidad de Iowa (Estados Unidos) señala que la mezcla de vino y queso ralentiza el deterioro cognitivo relacionado con la edad.
El vino y el queso se complementan. Establecen una curiosa simbiosis en nuestro organismo. El vino limpia del paladar la grasa que deja el queso; y el queso forma una barrera en los dientes que los protege de la agresión sobre el esmalte que produce la acidez del vino. Tomados de forma conjunta, queso y vino se metabolizan mejor que separados.
Ojo con no pasarse.
Estamos hablando todo el tiempo de consumir vino de forma moderada. La revista Cuídate Plus advierte que si somos hombres y bebemos cada día 4 o más copas de vino, o si somos mujeres y bebemos diariamente más de dos copas y media, entramos en una situación de riesgo. Esto no quiere decir que un día, de forma ocasional, no nos podamos beber media botella. El problema lo tenemos si somos bebedores habituales de vino en estas cantidades señaladas.
El consumo abusivo de alcohol es responsable de cánceres como el cáncer de colon, el cáncer de boca, el cáncer de esófago y el cáncer de hígado. El consumo habitual de alcohol puede provocar con el tiempo cirrosis hepática y otras patologías en el hígado. En el aparato digestivo es responsable de la gastritis y de la esofagitis.
Con respecto a la salud cardiovascular, el vino tiene una relación curiosa. Igual que si tomamos vino con moderación de forma habitual, estamos reforzando nuestro sistema circulatorio, si nos pasamos, se multiplican las posibilidades de sufrir un accidente cardiovascular. Las dolencias que podemos padecer consumiendo mucho vino todos los días pasan por el infarto de miocardio, la embolia y la arritmia.
El vino también afecta al sistema nervioso central. El alcohol es un depresor, y ralentiza la actividad del cerebro y de los neurotransmisores. Esto hace que perdamos reflejos, que experimentemos somnolencia o que tengamos dificultades para pensar con claridad.
Los riesgos que provoca el consumo excesivo de vino, de manera habitual, se multiplica en determinados colectivos, como los menores de edad, las mujeres embarazadas, las personas con antecedentes familiares de alcoholismo y los enfermos que toman alguna medicación incompatible.