Prepárate para la operación bikini

Se acerca la temporada de verano, cuando hay que empezar a enseñar algo más de carne por el buen tiempo, y es también el momento de las dietas de verano para hacer frente a la operación bikini. Pero tenemos que tener bien claro que no existen las dietas milagro, que uno no puede perder peso así como así, y que en caso de que lo consiga de una forma rápida, posiblemente de la misma manera lo vuelva a recuperar, ya que eso no es sano. Lo mejor es ponerse en manos de un médico o de especialistas nutricionistas, como es el caso de los de Nueva Línea Adelgazamiento, en Badajoz. Un equipo multidisciplinar de nutricionistas formado por un médico y diplomado en Nutrición Humana y Dietética, con más de 25 años de experiencia en los tratamientos nutricionales en Badajoz (Extremadura).

Debemos dejar de lado todos los mitos, algo que seguramente el médico nos recordará desde el primer día. Y pensar también que perder peso es una combinación de diferentes factores para que pueda ser algo saludable. Para poder bajar, no solo hay que cambiar los hábitos de alimentación, sino también los de vida, desde el deporte hasta los gestos de las rutinas.

chocolate

Confía tu dieta a un nutricionista y no te prives de darte algún capricho.

Lo primero que el médico nos dirá es que la solución para adelgazar pasa por un axioma muy sencillo: hay que ingerir menos calorías de las que consumimos. De esta forma se creará un déficit que es el que nos llevará a perder peso. Pero además, es importante que combinemos esto con deporte, ya no por acelerar el proceso de pérdida, sino porque mientras vayamos bajando de peso la piel y las carnes se volverán cada vez más flácidas a consecuencia de esto y necesitaremos tonificar para que no veamos en nuestro cuerpo esos feos colgajos de piel que tanto envejecen. Si no lo hacemos así desde el principio, es muy probable que la única solución que tengamos para arreglar esto a la larga sea el hecho de acabar pasando por el bisturí, pero no es agradable por el postoperatorio que requiere y los dolores que sufriremos.

Es importante también no saltarnos ninguna de las comidas. Seguro que lo hemos escuchado muchas veces y no entendemos cómo comer más nos puede llevar a adelgazar, pero es así. La explicación es que comiendo cada dos o tres horas nos estaremos evitando esa ansiedad y el hambre de entre horas que hace que muchas personas acaben por darse directamente un atracón. Y los atracones no son buenos, porque nos hacen comer mucho y rápido, sin ser conocedores de que la sensación de saciedad llega al cuerpo a partir de los veinte minutos en los que ha comenzado a comer. ¿Alguna vez habéis empezado a comer pan en un bar mientras no os sirven la comida y cuando el plato llega ya no os apetece? Pues es un ejemplo claro de esta explicación.

Tampoco debemos hacer una dieta especialmente estricta. La mayor parte de los éxitos pasan por simplemente saber comer y cambiar los hábitos de alimentación. Debemos hacer una dieta equilibrada, y por equilibrada no nos referimos solo a tomar productos verdes, sino que también es equilibrada en cuanto a dulces y caprichos. Por así decirlo, todo en exceso es malo, desde muchas chocolatinas hasta mucha lechuga. Hay que saber llevar un control de todo y dejarse ir alguna vez hacia los caprichos para que al final no nos juegue una mala pasada la ansiedad. Es mejor comerse un día una chocolatina a la semana que tirarse un mes guardando régimen y atacar un pastel entero porque nos pueda la ansiedad por comer.

Y si los hábitos de comidas son muy importantes, no lo son menos los relacionados con la actividad física. Como decíamos, debemos hacer deporte para poder tonificar el cuerpo y ayudar a perder peso, pero también debemos dejar de lado la vida sedentaria para gastar más calorías. Los gestos pequeños son quizás los más importantes. Unos ejemplos de esto pueden ser usar las escaleras en lugar del ascensor, ir andando a trabajar o bajarnos unas paradas antes del transporte público a la vuelta a casa para así movernos un poco y, sobre todo, desterrar esas tardes de apoltronamiento en el sofá.