Los problemas de pareja se disparan en verano.

Discusión de pareja

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Cientos de parejas se rompen en verano o al regresar de vacaciones. Este no es solo un problema social, también es psicológico. La falta de comunicación y los roces de la convivencia se encuentran en la base del deterioro de muchas relaciones sentimentales. El periodo estival saca a la superficie problemas que permanecen escondidos la mayor parte del año.

El abogado Carlos Serralta comenta a la televisión La Sexta que en septiembre se producen un 40% más de divorcios que el resto del año. La mayoría de las parejas que se separan suelen tener niños pequeños y, según las estadísticas, obedece, en la mayor parte de los casos, a matrimonios o parejas con menos de 5 años de convivencia.

Un ex-compañero de trabajo me contó una vez que el día a día de su matrimonio giraba en torno al cuidado de los hijos pequeños. Cuando los niños cogían vacaciones, se iban a casa de los abuelos, que no vivían en la ciudad. Su mujer y él iban entonces a tomarse una cerveza en un bar y, sin los niños de por medio, no sabían de qué hablar.

Este amigo se separó también en septiembre. En su caso no, porque pasara las vacaciones con su pareja. Al revés. Su ex-mujer era profesora y tenía vacaciones en agosto y a él su empresa se las daba a finales de septiembre. No disfrutar de tiempo de calidad con su pareja terminó pasándole factura.

Cuando suceden situaciones de este tipo, algunas parejas se plantean darse una segunda oportunidad. Intentar salvar la relación. Someterse a una terapia de pareja. ¿Vale la pena hacerlo? Cada pareja es un mundo. Con nada, y menos con las relaciones sentimentales, se puede generalizar. Aun así, queremos abordar el tema en este artículo y abrir el debate. Puede que para algunos de nuestros lectores resulte de utilidad.

Cuanto más tiempo estoy contigo, menos te soporto.   

Esta frase, que nos puede parecer una afirmación un poco bestia, para algunas parejas es el mantra que rige su convivencia en vacaciones.

En las vacaciones de verano, la pareja se coloca en primer plano. No sucede con otras vacaciones que tenemos a lo largo del año, que suelen ser más cortas e influyen otros factores, como las Navidades, que suelen estar salpicadas de compromisos familiares.

Tampoco sucede en el día a día. Donde la relación de pareja ocupa un segundo o tercer plano, por detrás del cuidado de los niños, el trabajo y todo un sinfín de compromisos contraídos, cada miembro de la pareja por su lado.

De repente llega agosto y parece que el mundo se para. Tenemos una semana, 15 días o un mes completo en el que no hay que ir a trabajar, ni hay que ir al gimnasio, ni siquiera quedamos con los amigos en el bar; y tenemos que pasar todo el día con esa persona con la que convivimos, pero que a penas vemos los fines de semana y un rato por las noches.

Si la relación de pareja está deteriorada, todos los problemas subyacentes salen a la superficie. Se aprecia aún más en aquellas parejas que no tienen hijos. Los niños ofrecen una cierta amortiguación. Aun así, con hijos incluidos, es normal que uno de los dos reclame pasar tiempo a solas con el otro. Hacer actividades de pareja. Salir a cenar los dos solos, salir de fiesta. Hacer una escapada. ¿Qué sucede cuando un plan romántico se convierte en un suplicio?

Nadie se empareja con la primera persona que se cruza en su camino. Y menos tomamos la decisión de formar una familia. Por lo que fuera, las dos personas se distanciaron. Es factible que intenten volver a reencontrarse.

La incomunicación. 

Señala Gerardo Castillo Ceballos, profesor de psicología de la Universidad de Navarra que la falta de comunicación es la principal causa de ruptura de pareja a día de hoy. Podemos identificar otras causas como la infidelidad, la pérdida de confianza, la rutina; pero es la falta de comunicación la piedra angular que unifica o se encuentra en la base de estas y otras cuestiones.

La incomunicación se manifiesta de una forma tan sencilla como no decirle a nuestra pareja aquello que hace y no nos gusta, sin darle ninguna opción a rectificar. En la vida en pareja hay asuntos que requieren del acuerdo y de la implicación de los dos. Pero si hay una divergencia de opiniones, y la decisión la toma uno, y el otro calla, aun estando en desacuerdo, la dirección colegiada desaparece. Me refiero a asuntos tan importantes como comprar una casa, cambiar de ciudad, decidir sobre la educación de los hijos, pero también elegir el destino de las próximas vacaciones.

También suele pasar que uno de los dos carga con los fardos más pesados, mientras el otro se mantiene discretamente a cubierto. Estoy hablando del cuidado de los niños o de las tareas domésticas.

Dice el refrán que hablando se entiende la gente. En el caso de la vida en pareja, esta es una verdad rotunda. Entablar un debate sincero y honesto con tu pareja permite llegar a acuerdos.

Por otro lado, algo tan sencillo como regresar cada tarde del trabajo y comentar con la pareja cómo os ha ido el día a los dos, es un hábito que, por desgracia, se está perdiendo. Una pareja no se sostiene únicamente en la química que haya entre los dos. La complicidad y la intimidad dialéctica tienden puentes más sólidos que el contacto físico.

Otros problemas de pareja.

La revista Psicología y Mente coloca a los problemas de comunicación en el primer puesto de los factores que suelen generar conflictos en la pareja, pero va más allá, menciona otras causas.

Una de ellas son los roces en la convivencia. Sucede, sobre todo, en las parejas que se acaban de ir a vivir juntas, que a veces cuesta encajar. Tendemos a idealizar la vida con nuestro ser amado, pero la realidad cambia notablemente cuando compartimos el mismo techo. Cada uno tiene una trayectoria vital distinta. Hemos adquirido unas costumbres y unos gustos particulares. Compaginarlos, una vez más, es cuestión de sentarse a hablar.

La infidelidad es otra de las causas de deterioro. Lo asociamos con una falta de confianza. Aunque una infidelidad se descubra y se perdone, la relación nunca volverá a ser igual. Siempre existe la sospecha de que, si una vez te engañó, es posible que lo vuelva a hacer. Pagar a tu pareja con la misma moneda no retorna el equilibrio. El borrón y cuenta nueva rara vez se alcanza.

Otro problema que menciona la revista son los problemas sexuales. Hemos dicho en el apartado anterior que el sexo no es lo más importante, pero una pareja sin sexo gratificante para los dos, está abocada al fracaso. La falta de conexión en este aspecto es un elemento discordante que va erosionando la relación poco a poco. Esta es una faceta que toda pareja debería cuidar.

Del mismo modo, hay que alimentar la intimidad en otros ámbitos de la vida. Hacer actividades conjuntas, salir los dos solos, prodigar gustos y aficiones compartidas. A la pareja hay que dedicarle tiempo. Tiempo de calidad.

Decía El Último de la Fila, un grupo de pop-rock de los 80, en uno de sus discos, que cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Los condicionantes externos, como los problemas económicos, también pueden dañar una pareja. Si la pareja consigue superarlos juntos, saldrá más reforzada que nunca. Pero si uno de los dos no soporta la embestida, la pareja se deshace.

La terapia de pareja.

Cuando la pareja se está desgastando, uno de los recursos que tenemos para intentar salvarla es buscar ayuda profesional y someternos a una terapia de pareja. De entrada, no es una mala idea. Un profesional objetivo, externo a la pareja, nos ayudará a objetivizar la relación y a colocar en su sitio cuestiones que, a lo mejor, tenemos sobredimensionadas.

Los psicólogos de Canvis, un centro de psicología de Barcelona que imparte talleres y dirige terapias encaminadas a afrontar diversas situaciones que se dan en la vida, nos cuentan que toda terapia de pareja comienza por evaluar la problemática de la relación y analizar los recursos y posibilidades que tiene tanto la pareja, como cada uno de sus miembros por separado, para superarlos.

La visita al psicólogo crea un espacio de libertad en el que cada uno de los miembros puede expresar sus sentimientos y preocupaciones respecto al estado de la relación. Sin embargo, el trabajo más importante se realiza en casa. Siguiendo las indicaciones del psicólogo, quien propone pautas y ejercicios para restablecer un entorno de empatía, entendimiento y disfrute entre ambos.

Se supone que cuando los dos van a una terapia es porque quieren salvar su relación. Aunque partan de concepciones y puntos de vista diferentes. Por lo que ambos se esforzarán en que el proceso salga bien.

Las estadísticas señalan que las terapias de pareja tienen una efectividad próxima al 70%. Sin embargo, este índice de éxito decae bastante cuando se recurre a ella como último recurso. Cuando la pareja está barajando separarse. En estos casos, los reproches acumulados, el malestar de años, la desconfianza, hacen que el trabajo del profesional sea más complicado.

Es normal que cuando empieza a distanciarse una pareja o hay problemas de comunicación, la pareja o uno de los miembros intente solucionarlo por su cuenta. Si notan que no lo consiguen, es el momento de acudir a una terapia de pareja. No hay que dejar que el malestar se enquiste.

Donde hubo fuego, quedan brasas.

El psicólogo Ángel Rull publica un artículo en El Periódico de Cataluña en el que afirma que es posible recomponer una relación de pareja dañada. Para conseguirlo es necesario que ambos miembros pongan de su parte.

Por lo general, el deterioro de la pareja suele producirse en el último periodo. Que puede ser cuestión de meses o de años. Sin embargo, esa pareja lleva una historia más larga. Es posible, sobre todo en las parejas con más tiempo, que hayan construido cosas juntos. Que hayan atravesado momentos significativos en su vida. Es preciso poner en valor estos logros, puesto que suelen aparecer soterrados por el malestar de los últimos tiempos.

A partir de ahí, se deben localizar los problemas reales. Puesto que muchas veces están escondidos detrás de las consecuencias o de los mecanismos que hemos adoptado para no enfrentarlos. Los problemas de pareja hay que afrontarlos, según este psicólogo, de raíz. Y, por tanto, es necesario identificar la raíz del problema.

El siguiente paso es reconstruir la confianza. Si ha habido decepciones o traiciones, cada uno debe asumir la responsabilidad que le corresponde e intentar ganarse la confianza de su pareja. Este no es un trabajo sencillo, pero es fundamental para que cicatricen las heridas.

Del mismo modo, hay que dedicarle tiempo de calidad a la relación. Es habitual que la rutina y las obligaciones diarias hagan que la pareja se vaya desgastando. Que el tiempo de pareja quede relegado. No se trata ahora de estar las 24 horas al día con nuestra pareja y olvidarnos de todo lo demás. Sino de hacer huecos en la agenda para compartir momentos y actividades en las que los dos disfruten. Momentos íntimos sin niños, sin amigos, sin trabajo y sin familiares de por medio.

Es importante tener en cuenta que los hijos no van a salvar la relación. Hay parejas que intentan mantenerse a flote porque tienen hijos en común. Los hijos están en otra esfera. Si la pareja opta por separarse, los hijos terminarán haciéndose a la idea. Los divorcios de parejas con hijos están a la orden del día. Si los padres quieren a sus hijos, se esforzarán por seguir atendiéndolos y por darles todo el cariño que puedan.

Si una pareja apuesta por salvar una relación dañada, es porque en el fondo continúan queriéndose. Igual que ha habido un periodo malo en la relación, si sigue habiendo una pizca de amor, pueden volver a vivir momentos maravillosos.

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