El running cambió mi vida

Los últimos dos años de mi m atrimonio fueron especialmente difíciles, mi pareja perdió el empleo y comenzó a visitar más de lo recomendable el bar además de otras compañías no deseables. Total, empezó a beber para olvidarse de la realidad y de los “no” en las pocas entrevistas que le llegaban y terminó olvidándose de mí, al menos hasta que llegaba a casa, donde cualquier excusa era buena para pegarme o llamarme de todo menos bueno.

Al principio, aunque no debería haberlo hecho lo acepté, una época mala, no pensaba nunca que le fueran a echar de una fábrica donde trabajó su padre y menos aún que desaparecería. La convivencia se hizo insostenible hasta que se lo conté a mi mejor amiga, que no se lo creía pese a que nunca le tuvo especial aprecio a mi pareja.

Me recomendó violenciadoméstica por un anuncio que había visto y aunque al principio le dije que no, terminamos viendo la web y me convencí de llamar desde su casa. Fueron muy amables y comprensivos, al ser especialistas saben la realidad de estos casos donde la pareja que te pega la primera vez rara vez dejará de hacerlo.

Me fui de casa y me puse en sus manos, donde me asesoraron legalmente para hacer las cosas como es debido. Mi marido al principio reaccionó llamándome de todo por teléfono, pero quizás contar con una hermana policía nacional ayudó a que no diese más problemas y accediera.

Total, que a los 36 años comenzaba mi vida de nuevo, los primeros meses entre estar relajada y las viejas amistades que todavía conservaba los pasé bien, pero notaba que tenía que hacer una actividad que me gustara y que me relajase. Una amiga de la universidad me dijo que estaba en un grupo de runners que llevaban 2 meses quedando y que si quería podía apuntarme.

Me animé, me mantengo en buena forma y pensaba que en pocas semanas podría ponerme a su altura. Me fui a una tienda de deportes, compré dos equipaciones y un par de zapatillas nuevas, que las que tenía estaban ya que daba pena verlas.

Al principio me costó ponerme a su nivel, pero según avanzaron los días poco a poco fui consiguiendo acabar las sesiones, aunque con la lengua fuera. No sé cómo hubiera sido de tener sobrepeso ya que, si estando delgadita me ha costado, teniendo kilos de más quizás hubiera abandonado al primer día.

Lo más recomendable supongo que es comenzar uno solo y unirse cuando puedes ir al ritmo del grupo, pero eso me permitió conocer a la gente. Cuando acaba es norma tomarse unas cervecitas y alguna tapita, así que todos los martes y jueves estoy liada cuando llegan las 8 de la tarde.

Mi recomendación es que si habéis pasado por una experiencia desagradable no os encerréis en casa. Hay que vencer al miedo y luchar por volver a la normalidad, es el único camino en una vida que tenemos que intentar saborear pese a que algunas veces los tragos sean amargos. Elige una actividad que te guste y relaciónate con la gente, siempre se aprende de otros puntos de vista o vivencias.